¿Cómo llegar a ser Hermana Educacionista?

Paso a paso.
¿así de simple? 
Sí.
 

Elección

Si te detienes, reflexionas, sientes que Dios te llama y te decides, das el primer paso.
Por cada paso sucesivo te decides libremente, con la ayuda de Dios.
 

Discernimiento

Cuando te das cuenta que eres amada por Dios, llamada a una vida de especial consagración a Dios, querrás corresponder a ese amor. Pregunta al Señor, ¿qué quieres de mi? Escucha esta voz misteriosa, poco a poco lograrás comprenderla, distinguirla, luego examina y cuando reconoces que puedes realizar tal vocación en la comunidad de Hermanas Educacionistas Franciscanas de Cristo Rey, vienes y haces el siguiente paso.
 

Aspirante

Como aspirante, vienes a una de nuestras comunidades. Vienes y observas. Durante el período del aspirantado, puedes frecuentar el colegio o trabajar en alguna institución.
 

Postulante

Después de algún tiempo, (algunos meses o años) – esto depende de la edad y otras circunstancias, serás aceptada para ingresar al postulantado. Es el período durante el cual podrás conocer mejor nuestra vida, te introduces en ella y verificas tu decisión. Permites, así mismo, que te conozcan en mayor profundidad.
 

Novicia

Si ves con certeza que ésta es tu vocación, pides ser admitida al noviciado que dura dos años. Durante este período afianzas tu unión con el Señor que te ama, te refuerzas en tu decisión y conoces concretamente el camino a seguir en la vocación religiosa.
 

Júnior

Al término del noviciado, realizas la primera profesión de los votos de pobreza, castidad y obediencia, te donas totalmente al Señor y a la comunidad religiosa. Como signo de esta total donación recibes el hábito religioso. Te trasladas a una nueva comunidad y con el acompañamiento de una hermana formadora continúas con tu crecimiento y maduración espiritual, con dedicación cumples la misión que te es confiada o tal vez continúas los estudios. Cada año renuevas la profesión religiosa, con la que confirmas tu fidelidad.
 

Para toda la vida

Después de 4 a 6 años emites la profesión perpetua, confirmando por siempre tu fidelidad a Dios.