II - La aceptación de esta vida

4. Aquellos que, inspirados por el Señor, vienen a nosotros con deseo de abrazar esta vida1 sean acogidos con bondad2. En el tiempo oportuno serán presentados a los ministros que tienen la facultad de admitir en la fraternidad3.

5. Los ministros han de asegurarse de que los candidatos profesan la verdadera fe católica y los sacramentos de la Iglesia. Si son idóneos, sean iniciados en la vida de la fraternidad. Y expóngaseles todo lo referente a esta vida evangélica, de modo especial estas palabras del Señor: Si quieres ser perfecto, vete y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo, luego ven y sígueme4. Y también: quien quiera venir en pos de mí niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame5.

6. De esta forma, dejándose guiar por el Señor, inicien la vida de penitencia, sabiendo que todos hemos de estar en disposición de conversión permanente. Como signo de la conversión y de la consagración a la vida evangélica, usen vestidos humildes y vivan con simplicidad6.
    
7. Terminado el tiempo de la prueba, sean recibidos a la obediencia, prometiendo observar siempre esta vida y Regla7. Y, dejando de lado todo cuidado y toda preocupación, de la mejor manera que puedan, esfuércense por servir, amar, honrar y adorar el Señor Dios con corazón limpio y mente pura8.

8. Preparen siempre en si mismos habitación y morada a ese mismo Dios omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo9, de manera que crezcan en el amor universal con corazones indivisos, convirtiéndose continuamente a Dios y al prójimo.

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1 Cf. Test .1    
2 1R 2, 1.    
3 Cf. 2R 2, 1.    
4 Mt 19,21; cf. Lc 18, 22; 1R 1, 2-3.    
5 Mt 16,24.    
6 Cf. 1R 2, 14.
7 2R 2, 11.    
8 1R 22, 26.    
9 Cf. Jn 14, 23; 1R 22, 27; cf. 2CtaF 48-53.